viernes, 10 de junio de 2011

Soledad


El corazón es claro y hay momentos en la vida en los que uno no puede hacerse el distraído y mirar para otro lado.

Me pasó ESE momento en el que uno sabe que es EL momento y por primera vez en mi vida decidí hacerme cargo del asunto, agarré todas mis cosas y emprendí un viaje de 1600 km. para empezar a vivir una vida nueva en la Ciudad de San Carlos de Bariloche.

Por supuesto que sabía que el desafío no iba a ser nada fácil, dejaba a toda mi familia (núcleo contenedor muy eficiente pero un tanto cerrado), a mis amigos, mi barrio, los lugares, los bondis, el subte, MI PERRO!!!, la escuela de circo donde me formé como artista y como docente...en fin, dejaba mi vida entera en Buenos Aires y por supuesto que con lo sentimental, emocional y apegada que soy, no era moco de pavo la cosa.

Estoy acá y tengo una hermosa casa, vivo en una ciudad maravillosa, donde el aire que se respira tiene otro aroma y las sensaciones son diferentes. Viajar en colectivo acá es un placer, tenés un marco incomparable, los ojos no dejan de maravillarse un solo instante, no podés dejar de sentirte una cosita chiquitita entre tanta inmensidad.

Pero entre todo lo lindo y lo grandioso de semejante decisión y de saber que estás acá porque querés, porque lo elegís, porque buscás una mejor calidad de vida, un futuro mejor, te pasan otras cosas.

Te pasa que de repente no está más tu mejor amiga a la vuelta de casa para tomarte unos mates, te pasa que salís a la puerta de tu casa y la poca gente que pasa caminando no te conoce y vos no los conocés tampoco.

Empezás a aferrarte con mucha fuerza a la poquita gente que sentìs que tenés más cerca pero esa gente tiene su vida, sus cosas, sus rayes y vos sabés que, seguramente te quieren mucho, y no saben que te estás sintiendo muy solo, a veces abatido y sin saber cómo arrancar.

Yo elijo bancármela solita, en definitiva estoy acá porque quiero y todo esto me está haciendo crecer como persona. Estoy bien, estoy feliz y estoy orgullosa de la decisión que tomé. Estoy segura de lo que soy como ser humano, de lo que mis viejos han formado, y de todo lo que YO decidí ser en esta vida. Estoy orgullosa de mí porque sé que siempre actué de corazón, con nobleza y con sinceridad. NUNCA jamás en la vida obré para hacer mal a otros y si alguna vez lastimé a alguien tuve la simpleza de pedir PERDÓN.

Hoy estoy acá, en este lugar increíblemente dotado por la naturaleza y estoy bien, estoy entera, tranquila, serena, con objetivos. Acá hay gente hermosa que me hace crecer todos los días, gente de la que aprendo, gente que elijo y me llena. Gente que con mirar a los ojos sabés que nada malo puede pasarte. Y a veces te enroscás con boludeces, con miedos y fantasmas que aparecen en tu cabeza y que lo único que quieren es recordarte que están ahí, que una vez te jodieron la vida y que no podés NUNCA bajar la guardia porque no te la van a dejar pasar. Y te enojás, porque vos luchaste y la luchás todos los putos días de tu vida por ser mejor persona, por mejorar tus defectos, por ser digno de todos los que te eligen a diario y a veces no podés, por más de que quieras. Hay días en los que te rendís. Y sabés que mañana te vas a levantar y va a salir el sol otra vez a calentarte, de a poquito y van a pasar cositas que te hagan sonreir y sentirte mejor y de a poquito dejás atrás la tormenta pero hoy...hoy no podés. Sencillamente no podés, no te da la fuerza, no te alcanza.

La vida me está dando una oportunidad maravillosa, de esas que uno muchas veces sueña y pide pero que las ve muy lejanas y poco probables.

¡Cuántas veces habré soñado con un lugar tan maravilloso como este! Con un compañero de vida...

Yo hoy elijo muchas de las cosas que me pasan, voy moldeando mi vida, voy domando mis emociones, voy eligiendo dar, siempre dar al máximo, hasta que duela, como decía la Madre Teresa.

A veces te sentís solo al mango, remándola en un pote de dulce de leche repostero con dos escarbadientes.

A veces sentís que te esforzás y más no podés pero igual, igual no alcanza.

A veces querés volver a los lugares comunes, al malo conocido.

A veces todo es tan nuevo que te da mucho miedo y solamente querés que alguien te abrace, te diga que le importás y que todo va a estar bien...

2 comentarios:

  1. Salir del nido es una excelente decisión para crecer, para aprender, para vivir.
    Me alegro mucho de que tu aterrizaje en esa nueva ciudad esté siendo grato. Los cambios a veces no son fáciles pero siempre reportan un aprendizaje valioso.
    Suerte, y un beso, Nanou.

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  2. ¡Suerte en esta nueva aventura! Seguro que sale bien.

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